Red Bull se «da alas»
Cuando acabó la temporada, Fernando Alonso tenía dos misiones: desligarse de McLaren y encontrar un equipo.
Las opciones eran diversas, e incluso se llegó a barajar la posibilidad de que siguiera junto a Ron Dennis. Cuando pudo romper su vínculo con el británico, los rumores se dispararon. Antes, hasta se le había colocado en Ferrari, pero la renovación de Massa atajó el chismorreo. Salieron los nombres de casi todas las escuderías y una de ellas apareció como una especie de chiste. Hablar de Red Bull generaba incredulidad. ¿Cómo iba Alonso a ir a parar a una escudería que ni siquiera fabrica sus propios motores? Pasaron los días, y los candidatos se fueron eliminando. Ya sólo quedan dos. Uno es Renault, y el otro... ¡Red Bull!
Pero, ¿qué hay detrás del equipo que lleva el nombre de una bebida energética? En principio, dinero en grandes cantidades, algo básico en la Fórmula 1, y voluntad por satisfacer los deseos de Fernando Alonso. Lo que falta es que el piloto se decida a dar un paso verdaderamente arriesgado. Mientras tanto, intenta ponerse de acuerdo con Renault, pese a que los acontecimientos se empeñan en colocar obstáculos en su camino hacia el regazo de Flavio Briatore. El último, la implicación de la escudería del rombo en un supuesto caso de espionaje a McLaren, pendiente de resolverse el próximo 6 de diciembre. El italiano insistió ayer en una entrevista en el británico «The Times» en la inocencia de su equipo, y restringió la información que poseían de McLaren a un acto del ingeniero que pasó de un equipo a otro, del que informaron a la FIA y al propio Ron Dennis en cuanto tuvieron conocimiento.
Red Bull no fabrica motores, pero monta en sus chasis el mismo propulsor que Renault, a quien le compra varias unidades por temporada. Por contrato, debe ser el mismo que se fabrica en Enstone para los monoplazas de la marca del rombo. Su solvente liquidez le permite reclutar no sólo a los mejores ingenieros y jefes de equipo, sino también a los mecánicos más eficientes del paddock. En el apartado técnico no se escatima en gastos. En su sede de Milton Keynes, muy cerca del circuito británico de Silverstone, está una de las instalaciones punteras de la Fórmula 1, con uno de los mejores túneles del viento.
Tras la escudería está el multimillonario austriaco Dietrich Mateschitz, uno de los hombres más ricos del planeta. Compró a Paul Stoddart la escudería Jaguar en noviembre de 2005 y rápidamente la vistió de Red Bull. El chorro de dinero no tenía fin, y al año siguiente se hacía con Minardi para convertirla en Toro Rosso, su segundo equipo, a quien provee de motores Ferrari, con un acuerdo similar al de Red Bull y Renault.
La gran inversión les sacó pronto de los puestos de cola, y ya en su primer año (2005) David Coulthard logró dos cuartos puestos. Al año siguiente llegó su primer podio, a cargo del escocés, en Mónaco, y en el último campeonato fue Webber quien se subió al cajón, en el Gran Premio de Europa. La escudería está en un momento clave de su evolución, preparada para dar el salto que le permita optar a algo más que a un podio por temporada.
Entre las luces también aparecen sombras en la escudería austriaca. La fiabilidad fue uno de sus caballos de batalla esta temporada. Tuvieron que pasar ocho carreras para ver a los dos coches terminar una. Fue en Francia, y sólo repitieron con los dos monoplazas en meta en el Gran Premio de Europa, Hungría y China. Eso sí, en Europa dejaron muestra de la sabiduría del jefe del equipo, Christian Horner, con las estrategias. En una carrera de locos, con mucha agua, Webber acabó tercero y, Coulthard, quinto. De momento, los dos pilotos tienen contrato en vigor, y por eso los dirigentes se mueven en la sombra y con cautela en el «asunto Alonso». Quizá se hayan dado cuenta de que es tener un gran piloto lo que les falta para dar un paso más en su progresión.
La mejoría del equipo quedó patente en las últimas carreras, cuando pelearon de tú a tú con los Renault. En China, Coulthard, octavo, acabó por delante de Kovalainen y Fisichella, y en Brasil el veterano piloto fue el único que consiguió entrar en meta.
Hasta ahí la vertiente deportiva. La publicitaria también es clave en Red Bull. Llegar a contar con Fernando Alonso sería el súmmum para su política de impacto mediático. Buscan estar continuamente en el candelero, y la llegada de un doble campeón del mundo les daría una presencia inesperada y casi continua en los medios. La seriedad de su política deportiva queda a un lado en el paddock, donde Red Bull disfruta de la fama de ser la escudería más divertida gracias a las fiestas y actos lúdicos que organiza, toda una referencia en la Fórmula 1.
lunes, 12 de noviembre de 2007
DIA 22 POST BRASIL (La Nueva España)
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